miércoles, 22 de octubre de 2014

"EL ASESINO DENTRO DE MÍ" DE JIM THOMPSON (1952)

Este verano, el periódico "El País" sacó una colección de 16 clásicos de novela negra por 1,95 € cada uno y por ese precio, decidí hacerme con un par.

Uno de los elegidos fue "The killer inside me" de Jim Thompson, escritor y guionista ("Atraco perfecto", "Senderos de gloria") estadounidense que está considerado uno de los grandes autores de la novela negra norteamericana junto a Raymond Chandler y Dashiell Hammett.

Y me he encontrado con una novela breve pero intensa, de lectura rápida y muy directa. El protagonista es un sheriff psicópata y está narrado en primera persona, lo que nos permite entrar en la mente de este perturbado mental.

Pero la falta de tensión y el estilo tan característico de este autor y tan diferente a lo que estoy acostumbrada, ha hecho que me descolocara un poco y estuviera deseando terminarlo.

Ha tenido dos adaptaciones cinematográficas: una en 1975 y otra en 2010 llamada "El demonio bajo la piel", de Michael Winterbottom, que es la que he visto y me ha parecido bastante fiel al libro.


"Hay cosas que es necesario olvidar si quieres seguir viviendo. Y yo quería vivir, en cierto modo; lo deseaba más que nunca. Si Dios cometió un error al crearnos es el de darnos deseos de vivir cuando menos motivos tenemos para ello.

Volví a poner el volumen en su lugar. Llevé la foto al laboratorio y la quemé, y luego eché las cenizas por el desagüe. Me pareció que tardaba horas en quemarse. Y no pude evitar darme cuenta de una cosa: el gran parecido que tenía con Joyce. Y más aún, la semejanza que existía entre ella y Amy Stanton.

Sonó el timbre del teléfono. Me limpié las manos en los pantalones y respondí, mientras me miraba en el espejo de la puerta del laboratorio, escrutando al hombre de camisa beige y corbata de lazo.

-Lou Ford al aparato.

-Soy Hendricks, Lou. Quiero que venga inmediatamente. 

-Bueno, no sé... -protesté-. Yo...

-¡Es muy importante! -debía serlo, por la forma de hablar-. ¿Recuerda lo que estuvimos comentando esta tarde? Lo de... ya sabe, la posibilidad de que el asesino fuese una tercera persona. Pues tenía toda la razón. Nuestra suposición era cierta.

-¡Ah! -exclamé-. Pero no es... Es decir...

-¡Ya le tenemos, Lou! ¡Hemos pillado a ese bastardo! Le hemos dado un buen repaso, y...

-¿Quiere decir que ha confesado? ... Diablos, Howard, siempre hay algún chiflado que confiesa cualquier cosa...

-¡No ha confesado nada! ¡No quiere decir ni una palabra! Por eso le necesito, Lou. No podemos, ejem, darle lo que se merece, ¿sabe?, pero usted puede hacerle hablar. Usted es el único que puede ablandarle. Creo que le conoce, además.

¿Quién... oiga?"