lunes, 12 de enero de 2015

"EL CIELO CAMBIA" DE ZOË JENNY (2010)

"¿Dónde estabas el 11-S? ¿Dónde estabas cuando cambió el mundo?". Bajo esta premisa se desarrolla esta novela corta de poco más de 150 páginas en donde la protagonista, una treintañera llamada Claire, hace un repaso de su vida y reflexiona sobre diversos temas de actualidad que marcan nuestra sociedad.

"El cielo cambia" es la sexta novela de esta escritora suiza, pero la primera que escribe en inglés. No me ha llegado a decepcionar, pero esperaba mucho más.

Aún así, ha conseguido ponerme un nudo en la garganta cuando habla de los atentados de Nueva York y Londres y de cómo este tipo de acontecimientos marcan nuestra vida para siempre.

Ha hecho que recordara también el fatídico 11-M que vivimos en Madrid y cómo pasé yo ese día. Por muchos años que pasen y aunque a mí no me tocara de cerca, son momentos que se te quedan grabados en la memoria y de los que es imposible olvidarse.

Para terminar, una frase que me ha gustado mucho: "El miedo era el obstáculo y el impedimento de cualquier progreso. En eso consistía todo. Transformar el miedo en fuerza y aprender a mantener la cabeza alta"


"Pentonville Road era una calle larga y Claire llevó las flores boca abajo para que el calor no las marchitara. Anthony consultó la Blackberry y vio una felicitación de cumpleaños de su madre. La leyó algo decepcionado, como si hubiera esperado que lo felicitase otra persona. Claire lo sintió por él; que tuviesen que hacer eso precisamente el día de su cumpleaños, que esa fecha fuera un día de luto para muchos.  

Ahora se veía a otras personas con flores; hasta había alguien con un oso de peluche bajo el brazo. Una multitud se había congregado pocos metros a la derecha de la entrada de King's Cross. Detrás de una verja había una placita con un árbol en el centro, de noche un lugar sórdido frecuentado por prostitutas y camellos.

Ahora, decenas de personas creaban allí un efímero monumento conmemorativo, y Anthony y Claire se pusieron a la cola, a esperar su turno. Un guardia se aseguraba de que no entrasen todos a la vez. La policía protegía el lugar, porras y pistolas preparadas. La mayoría sólo dejaba sus flores y se iba, pero algunas personas se arrodillaban a rezar junto a una fotografía o una corona.

Aunque King's Cross era un lugar muy concurrido y ruidoso, ese día en concreto reinaba un silencio extraño, sólo interrumpido por los altavoces del interior de la estación. Claire contempló las fotografías y los dibujos de los niños. Había flores por todas partes, algunas todavía envueltas en papel de aluminio, que sudaban al sol, liberando su fragancia dulce e intensa. «El aroma de la muerte», pensó Claire mientras dejaba las rosas junto a una fotografía pegada en un trozo de cartón. Mostraba a una joven rubia de cabello corto. Debajo, en grandes letras rojas, habían escrito: «¿Por qué?».

A su lado, un hombre lloraba aferrando la fotografía de una mujer, casi rasgándola. De pronto la soltó y se marchó, mirando en todas direcciones con inquietud. Parecía extraviado, como si, presa del pánico, no supiera a dónde ir. Finalmente desapareció en el oscuro vestíbulo de la estación"


"-¿Qué está pasando? -susurró Claire, pero Anne no respondió.

Hasta el locutor guardó silencio y se quedó mirando la gigantesca explosión, que creó una nube de humo de proporciones atómicas. En segundos, y antes sus ojos, el pináculo del mundo se había convertido en un infierno. El locutor se recuperó rápidamente y transmitió las noticias como si fueran las piezas de un puzle que ansiase completar. No era un terrible accidente, sino un atentado. Terror. Ésa era la palabra que se utilizó una y otra vez, pronunciada con una gravedad que dejaba claro que, de ahora en adelante, la gente tendría que acostumbrarse a ella. Una palabra como una puñalada por la espalda. Terror.

-¿Recuerdas cuando subimos ahí? -preguntó Anne con una voz maltrecha. 

Había sido durante un viaje a Nueva York con sus padres, ellas eran todavía unas niñas. Claire recordó el gran ascensor negro que las llevó al restaurante Windows on the World en la planta 106. Era emocionante estar tan arriba, y también daba algo de miedo. Se cogieron de la mano cuando apretaron la nariz contra la ventana y bajaron la vista al río Hudson, con barcos como de juguete. 

-Claro que me acuerdo. Tú te asustaste porque papá nos dijo que, a esa altura, las torres se movían un poco con el viento.

De pronto, Anne gritó en el auricular. Había movimiento en la última planta de la torre, por encima de las llamas, pero Claire tardó unos instantes en comprender que esas figuras diminutas eran personas. Miró con más detenimiento. Algunas se habían quitado las camisas y las agitaban como banderas de rendición. Entonces empezaron a saltar. Era extraño ver a esas personas, tan pequeñas e irreales como soldados de juguete, saltar a la muerte, con el acero bruñido del edificio tras ellas, brillando gloriosamente al sol. 

Cuando su hermana colgó, Claire se quedó escuchando el árido tono del teléfono y lo miró con ansiedad. Estaba sola. Sola con esas imágenes de televisión, que se repetían una y otra vez. Y entonces una torre se vino abajo; se desmoronó como si se hubiese hartado de estar ahí, a la vista del mundo entero. Claire contuvo la respiración. Era increíble ver ese acontecimiento histórico en tiempo real, como un juego malvado, una nueva forma cínica y macabra de entretenimiento"