lunes, 24 de noviembre de 2014

"LA LLAMADA DE UN EXTRAÑO" DE RAFAEL ALCALDE (2012)

Me hice con esta novela por una oferta y porque me llamó la atención su misteriosa sinopsis de la contraportada que no desvelaba mucho sobre el argumento de la misma.Y yo solo diré que el "malo" es un filántropo-misántropo... Ahí lo dejo XD

Este autor barcelonés ganó el Premio internacional L'H Confidencial de Novela negra en 2012 con este libro cuyo punto más original y llamativo es que está dialogado al 100%; no hay ni descripciones ni narrador ni acotaciones. Y al menos a mí, a veces esto me resultaba un poco desconcertante ya que no sabía muy bien qué personaje hablaba en cada momento. Pero al final terminas acostumbrándote...

A través de esta novela de suspense, el autor habla y reflexiona sobre el poder de las nuevas tecnologías en nuestra sociedad y el peligro que pueden suponer para nuestra intimidad. 

Su lectura me ha parecido, poniéndonos metafóricos, una montaña rusa de larga y lenta subida, pero con una bajada tan impactante que te deja con un mal cuerpo tremendo. Es decir, la primera mitad me resultó algo aburrida y repetitiva, pero después mejora notablemente hasta desembocar en un final sorprendente que no te deja indiferente y que te da que pensar.


"-Oiga, déjeme en paz. Déjenos en paz. ¿No puede, por lo menos, dejar al margen a mi familia? ¿No tiene bastante conmigo? ¿Por qué tiene que mezclar a mis hijos? Esa es mi pregunta.

-Para mí su familia es indivisible. Lo lamento. Una última pregunta.

-¡¿Por qué?! ¿Por qué tiene que complicar a Ignacio y a Begoña, que no han hecho nada ni saben nada?

-¿Y usted? ¿Qué ha hecho o sabe usted?

-Váyase a la mierda.

-Creo que los malos modos sobran. Mi interés, mi necesidad, si prefiere llamarla así, no les afecta a ninguno de ustedes cuatro individualmente. Los he escogido solo en tanto que familia. Era una familia lo que estaba buscando, y con unas características muy especiales. Ha resultado que son ustedes. Ni tiene remedio ni es tan grave. Bien, debemos abreviar. Usted todavía tiene que comer y que reincorporarse a su despacho. La última pregunta. Le suplico que no saque conclusiones precipitadas. Le voy a pedir otra información, otra respuesta en la que también habrá pensado docenas de veces antes de este momento. De nuevo le exijo que me dé su opinión ya formada, no que apresure una salida. ¿Me ha entendido?

-No, pero eso a usted le da igual.

-Señora Moral, ¿cómo le gustaría morir?

-[Me ahogo. Voy a colgar. No, no voy a colgar el teléfono. Es un asesino y me da a escoger. No, no puede ser. Lo detendrán. Esta noche ya estará enjaulado y me las pagará todas juntas. Quiero verle la cara. Yo no quiero morir. Ni ahora, ni antes, ni después. Poco me importa que sea inevitable, que haya presenciado la muerte de mis padres o haya asistido a cien entierros. No quiero morir. Asqueroso. Eres un asqueroso, López, y ahora, ahora mismísimo, no me das miedo. Solo coraje.] No tengo ninguna intención de morir. 

-Una respuesta atractiva. Me gusta. ¿Quiere decir que se considera inmortal, que su fe le promete la vida eterna o la reencarnación, o qué?

-Que no quiero morir. Ni por su mano, chocho asesino...

-¡Espere! ¿Por qué me ha llamado chocho?

-[¿Por qué le he llamado chocho? ¿Por qué tengo la sensación de que hablo con un vejestorio enajenado? Se ha molestado, eso está claro. Es susceptible a algo. Bendito sea Dios. En la desesperación sirven hasta las alegrías minúsculas.] Por nada.

-¿Y bien? Me decía que no quería morir ni por mi mano...

-Ni por la de nadie. Es igual. No quiero morir. Me resigno a desaparecer: algo rápido, tan rápido que no le quede lugar al dolor del cuerpo ni al de la voluntad. Me avengo a desaparecer, pero no a morir. Morir es una vulgaridad.

-Me ha gustado hablar con usted, señora Moral. Tengo la esperanza de que, al final, nos entenderemos. Pronto tendremos otra oportunidad de conversar, y la primera ocasión de actuar. Le sugiero que esta noche, cuando discutan en familia mi intrusión y sus consecuencias, no se apresuren a decidir nada. Por supuesto que no voy a ser yo quien les prohíba buscar una supuesta ayuda o vocear nuestro trato a los cuatro vientos. Ustedes ya son mayorcitos para saber qué les conviene más. Su destino, que es colaborar conmigo, no lo va a cambiar nadie. Hasta pronto. Que le aproveche el almuerzo"