sábado, 7 de junio de 2014

"TARÁNTULA" DE THIERRY JONQUET (1984)

Cuando me encontré con esta novela por ¡2 míseros euros! en Carrefour no me lo pensé ni un segundo porque desde que vi la película de Almodóvar de 2011 protagonizada por Antonio Banderas y Elena Anaya que se basa en ella, tenía ganas de leer el libro ya que su argumento me impactó bastante.

Lo que más me llamó la atención y desconocía es que "La piel que habito" es una adaptación libre de la novela de este autor francés ya que, aunque la trama central es la misma, hay diferencias notables entre ambas.

Aunque conocía la historia, que me parece muy inquietante, original y sorprendente, "Tarántula" me enganchó desde el principio ya que su intriga está muy bien dosificada y va en aumento hasta desembocar en ese final que te deja con la boca abierta.


"No, tu amo no te había matado, pero con el tiempo llegaste a lamentarlo. Había empezado a tratarte mejor. Con una manguera te daba duchas de agua templada y hasta te llevó una pastilla de jabón.

El foco estaba siempre encendido. La noche había sido sustituida por un día deslumbrante, un día artificial, frío, interminable.

El amo iba a verte, se sentaba en un sillón, frente a ti, y escrutaba durante largas horas hasta el más insignificante de tus gestos.

Al principio de estas sesiones "de observación", no te atrevías a decir nada por miedo a despertar su cólera, por miedo a que la noche, la sed y el hambre volvieran a castigarte por esa falta cuya naturaleza seguías ignorando y que, al parecer, debías expiar.

Poco a poco fuiste cobrando valor. Tímidamente, preguntaste qué fecha era para saber cuánto tiempo llevabas encerrado allí. Él te respondió de inmediato, sonriendo: 23 de octubre. Llevabas más de 2 meses prisionero. Dos meses pasando hambre y sed. ¿Y cuánto tiempo más seguirías comiendo de su mano, lamiendo la escudilla tendido a sus pies, recibiendo duchas con una manguera?"


"Para tus adentros le habías puesto un nombre al amo, aunque no te atrevías a emplearlo en su presencia, por supuesto. Le llamabas Tarántula en recuerdo de tus terrores pasados. Tarántula, un nombre femenino, un nombre de animal repugnante que no encajaba ni con su sexo ni con el extremo refinamiento que demostraba en la elección de sus regalos.

Tarántula, sí, porque era igual que la araña: lento y misterioso, cruel y feroz, ávido e incomprensible en sus designios, oculto en algun lugar de esa morada donde te tenía secuestrado desde hacía meses, esa tela de lujo, esa jaula dorada cuyo carcelero era él y tú el prisionero"