viernes, 15 de enero de 2016

"EL CAPITÁN ALATRISTE" (LAS AVENTURAS DEL CAPITÁN ALATRISTE #1) DE ARTURO Y CARLOTA PÉREZ-REVERTE (1996)

Reorganizando mi habitación, encontré la primera novela de la saga de este espadachín a sueldo, escrita por Arturo Pérez-Reverte, que había leído en el colegio. Guardaba buen recuerdo de ella, así que me decidí a releerla.

Me parece un libro muy entretenido, fácil de leer y que engancha desde el principio. Por eso, lo considero perfecto para el público juvenil y para todos a los que le guste la novela histórica y de aventuras.

Aunque ya he dicho en numerosas ocasiones que no soy nada fan de las descripciones, aquí hay bastantes y me parece estupenda la labor de documentación e investigación de la España y Madrid del Siglo de Oro, realizada en su mayoría por su hija Carlota. 

El éxito de Alatriste ha sido tal que ha dado lugar a la famosa película de 2006 protagonizada por Viggo Mortensen, juegos de rol, cómics y un serie de televisión.

La verdad es que no descarto continuar la saga en un futuro, que cuenta con siete libros. 


"-Has salido de la cárcel hace unas horas y estás sin un ardite en la bolsa -dijo-. Antes de dos días habrás aceptado cualquier trabajo de medio pelo, como escoltar a algún lindo pisaverde para que el hermano de su amada no lo mate en una esquina, o asumirás el encargo de acuchillarle a alguien las orejas por cuenta de un acreedor. O te pondrás a rondar las mancebías y los garitos, para ver qué puedes sacar de los forasteros y de los curas que acuden a jugarse el cepillo de San Eufrasio... De aquí a poco te meterás en un lío: una mala estocada, una mala riña, una denuncia. Y vuelta a empezar -bebió un corto sorbo de la jarra, entornados los ojos, sin apartarlos del capitán-. ¿Crees que eso es vida?

Diego Alatriste encogió los hombros.

-¿Se te ocurre algo mejor?

Miraba a su antiguo camarada de Flandes con fijeza franca. No todos tenemos la suerte de ser teniente de alguaciles, decía su gesto. Saldaña se escarbó los dientes con la uña y movió la cabeza dos veces, de arriba abajo. Ambos sabían que, de no ser por las cosas del azar y de la vida, él podía encontrarse perfectamente en la misma situación que el capitán. Madrid estaba lleno de viejos soldados que malvivían en calles y plazas, con el cinto lleno de cañones de hoja de lata: aquellos canutos donde guardaban sus arrugadas recomendaciones, memoriales e inútiles hojas de servicio, que a nadie importaban un bledo. En busca del golpe de suerte que no llegaba jamás. 

-Para eso he venido, Diego. Hay alguien que te necesita. 

-¿A mí, o a mi espada?"