lunes, 22 de diciembre de 2014

"JUICIO FINAL" DE JOHN KATZENBACH (1992)

Cuando me puse con esta novela no tenía ni idea de que era el libro en que se basaba el películón de "Causa justa", protagonizado por Sean Connery en 1995.
Me di cuenta cuando llevaba unas 100 páginas y aunque me sé de memoria la peli, sí que he encontrado importantes diferencias entre ambas.

La peli es más una mezcla de thriller y drama judicial, mientras que la novela es un thriller psicológico al más puro estilo Katzenbach y con más argumento.

Este escritor estadounidense es, sin duda, uno de mis preferidos del género ya que domina el uso del suspense y misterio a la perfección y sabe jugar con el lector con suma maestría.

Aunque conocía el argumento de sobra y a ratos se me hacía algo lento, me ha resultado, como siempre me pasa con este autor, bastante atrapante y adictivo. 


"-Ya ve, pensaba que bastaría con ser inocente. Pensaba que así funcionaban las cosas. Pensaba que no había que hacer nada. Y entonces, cuando llegué aquí, empecé a aprender, pero a aprender de verdad.

-¿A qué se refiere?

-Bueno, los hombres del corredor de la muerte tenemos un sistema informal de pasarnos datos sobre abogados, apelaciones, o clemencia, como ustedes lo llaman. Mire, allí -señaló los principales edificios de la prisión-, los reclusos piensan en lo que van a hacer cuando salgan en libertad. O tal vez piensan en huir, o en cómo aguantar la condena, en cómo sobrevivir aquí dentro. Se permiten el lujo de soñar con un futuro, aunque sea un futuro entre rejas. Siempre pueden soñar con la libertad. Y tienen el mayor don, el de la incertidumbre; no saben lo que la vida les deparará. 

»Nosotros, no. Sabemos cómo vamos a acabar. Sabemos que llegará un día en el que el estado nos meterá 2.500 voltios de electricidad en el cerebro. Sabemos que nos quedan cinco, tal vez diez años. Es como llevar todo el tiempo un tremendo peso que luchas por arrastrar. A cada minuto que pasa piensas: ¿he malgastado este tiempo? Cada noche piensas: otro día que se va. Cada día que amanece sabes que has perdido una noche más. Ese peso que arrastras es la acumulación de todos esos momentos que acaban de pasar, todas esas esperanzas que se desvanecen. Así que ya ve, no tenemos las mismas inquietudes.

Ambos guardaron silencio un instante. Cowart oía su propia respiración, como si acabara de subir corriendo un tramo de escaleras.

-Parece un filósofo.

-Todos los hombres del corredor de la muerte lo somos. Incluso los locos que no dejan de dar gritos y alaridos, o los tarados que apenas tienen idea de lo que les está sucediendo. Son conscientes del peso. Los que tenemos un poco de formación hablamos mejor, pero en el fondo todos somos iguales.

-¿Ha cambiado usted aquí?

-¿Y quién no?

Cowart asintió. 

-Cuando la apelación inicial fue desestimada, algunos hombres que llevaban en el corredor cinco, ocho, tal vez diez años, empezaron a hablarme de planear un futuro por mi cuenta. Soy joven, señor Cowart, y no quería pasarme el resto de mi vida aquí encerrado. Así que conseguí un abogado mejor y le escribí a usted. Necesito su ayuda"