viernes, 19 de abril de 2013

"JUEGOS DE INGENIO" DE JOHN KATZENBACH (1997)

Tras leer "El psicoanalista" y la novela que vengo a reseñar hoy, puedo afirmar que John Katzenbach se ha convertido en uno de mis autores favoritos dentro del género de suspense.

Esta mezcla de thriller psicológico y ¿distopía? (está situado en unos EEUU donde reina la violencia) me ha atrapado y encantado, aunque reconozco que tiene demasiadas descripciones y a veces puede resultar un poco denso. Si no fuera por eso, sería el libro perfecto.

De nuevo, es una historia de venganza que profundiza en la psicología de los personajes y que ha conseguido ponerme la piel de gallina.


"—Es nuestro hombre —aseguró Jeffrey—. Simplemente está siendo astuto.

—Explíqueme por qué.

—Las otras eran ángeles, con los ojos abiertos a Dios y los brazos abiertos para recibirlo. Ésta lleva la marca de Satán en la espalda y le reza a la tierra. Y le falta un dedo de la mano izquierda, la mano del diablo. La derecha es la mano del cielo, al menos según algunas tradiciones. Lo único que ha hecho es darles la vuelta a algunos elementos. Son los mismos, pero distintos. El cielo y el infierno. ¿No es ésa la dualidad entre la que nos debatimos siempre? ¿No es precisamente lo que usted intenta impedir justo aquí?

Martin soltó un resoplido de disgusto.

—Todo eso me suena a palabrería religiosa —dijo—. Chorradas sociorreligiosas. Dígame: ¿por qué con una pistola y no con un cuchillo, como en los otros casos?

—Porque no es el asesinato lo que lo excita —respondió Jeffrey con frialdad —. Dudo que le importe el instrumento que utiliza para cargarse a las chicas. Es el acto en su totalidad: raptar a la niña y poseerla, física, emocional, psicológicamente, y luego dejarla en algún sitio donde la encuentren. ¿Qué emoción tiene pintar un cuadro si luego uno no se lo muestra a nadie? ¿Qué satisfacción proporciona escribir un libro que uno no dejará que nadie lea?

Se le ocurrió otra pregunta. «¿Cómo deja uno su impronta en la historia si muchos otros ya han dejado una igual a lo largo de tantos siglos?»

—¿Cómo lo sabe? —inquirió Martin, despacio—. ¿Cómo puede estar tan seguro?

«Lo sé porque lo sé», dijo Jeffrey para sí, pero no se atrevió a responder a la pregunta en voz alta"