miércoles, 10 de abril de 2013

"CÓMO SER UNA MUJER Y NO MORIR EN EL INTENTO" DE CARMEN RICO-GODOY (1990)

Leí este libro hace bastantes años y como me gusta tanto y es uno de mis favoritos, me veo en la obligación de reseñarlo para el blog.

Supe de él en una conferencia a la que asistí sobre periodistas de referencia, en donde hablaron de su autora ya fallecida, Carmen Rico-Godoy.

Esta novela narra la vida cotidiana de Carmen, una periodista cuarentona y casada con su tercer marido, que tendrá que hacer frente a las dificultades de ser mujer.

Escrito con mucha ironía y "mala leche", es muy entretenido y super divertido. Se lee rápidamente y es imposible que las mujeres no nos sintamos identificadas en numerosas ocasiones.

Tras su publicación, se convirtió en un éxito de ventas y tuvo una adaptación cinematográfica dirigida por Ana Belén y protagonizada por Carmen Maura y Antonio Resines. 


"- Dime una cosa, Antonio, ¿por qué me tienes que tocar siempre los cojones de esa manera?
- Siempre me gustó tu manera de hablar delicada y suave, tan femenina.
- ¿A ti qué te importa si tengo el período o no?
- Está demostrado que cuando os llega el período estáis más sensibilizadas, más irascibles y perdéis los nervios con más facilidad. Y eso, aunque tú te empeñes en negarlo, es un hecho. No hay por qué ocultarlo ni ofenderse de esa manera. Si tienes el período, pues lo comprenderé y seré más prudente. Aunque en tu caso, Carmencita, no es necesario que te venga para que te salgas de madre sin razón aparente.
- O sea, que además soy una histérica.
- Yo no he dicho que seas una histérica. Lo que he dicho es que de repente pierdes el control y te pones agresiva sin razón.
- Sin razón, no. Casi siempre tengo un motivo.
- ¿Qué motivo tenías hoy para ponerte grosera, a ver? Te levantas de mala leche casi siempre. Digamos que por misteriosos motivos biológicos y psicológicos, y yo lo entiendo, por eso intento no hablarte hasta que te has tomado 25 cafés"

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"Antonio, sentado en una hamaca, contemplaba con atención las tetas de la vecina de la izquierda, una mujer adulta pero atractiva que tomaba el sol tumbada y ajena, aparentemente, a todo.
- Pero qué haces. La vas a azarar de tanto mirarla. Déjala en paz.
- A ella le gusta que lo haga. Sabe que la estoy mirando.
- Pero cómo le va a gustar. Ella está aquí tomando el sol, relajada, sin ocuparse de nadie y pretende que nadie se ocupe de ella.
- Eso no es verdad porque si fuera así no se pondría con las tetas al aire. Las mujeres que se ponen a tomar el sol en las playas concurridas con los pechos al aire son unas guarras y están provocando.
- ¡Bueno, lo que me quedaba por oír a estas alturas, en 1989!
- No te pongas así. A mí las tetas de las tías me ponen cachondo, qué quieres que te diga, y creo que a todos los tíos les pasa lo mismo. Entonces, disimular me parece una estupidez"

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"El agua de la ducha no salía caliente ni a tiros. Mientras el chorro frió me devolvía algo de vitalidad a fuerza de resultar violento, alargué la mano sin abrir los ojos para coger el frasco de champú. Por fin palpo un tapón que reconozco, lo agarro fuerte y lo levanto. Naturalmente, no estaba enroscado y el frasco lleno cae en la bañera haciendo un ¡PLUAF! absolutamente repugnante.
No era la gota que rebosaba el vaso, sino el ruido que señala que se han abierto las compuertas y que un torrente imparable lo inundará todo.
- ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡No puedo ser que siempre me haga lo mismo este cerdo!
El agua cae encima del champú desparramado y se empieza a formar una espesa espuma.
- ¡¡Antonio!! ¡¡Antoniooo!!
Comete un error más. Y es tardas unos minutos en llegar, minutos que mi ira había empleado en crecer aún más.
- ¡Qué te pasa! ¿Por qué gritas así?
(...) - Dime una cosa: ¿tu orgullo de macho de impide enroscar el tapón o qué? Cerrar los botes después de haberlos utilizados, ¿te parece de mariquitas?"

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"Los párpados se me cierran. Me inclino para apagar la luz y en ese momento se oye un estruendo: Antonio empieza a roncar como un mamut. Le muevo un poco y los ronquidos pasan a otra escala, silbantes, como los del cocodrilo.
- Me cago en su puta madre. ¡Antonio!
- Qué pada, qué pada..., te quiero mucho... –farfulla el tronco en sueños.
(...) Son las 4 de la madrugada y no puedo dormirme ni leer. Pero esta vez no voy a llorar.
Me pongo a cantar: Dime cuándo tu vendrás, dime cuándo, cuándo, cuándo.
- ¿Qué te pasa ahora? ¿Por qué cantas? ¿Estás loca?
- Si tú roncas, yo canto.
- ¿Qué yo ronco? ¿Estaba roncando?
- Sí, roncabas. Tú, atajo de perfeccionas, roncabas y además he de decirte que con toda la orquesta: flauta, trombón, oboe y hasta violonchelo"


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"Siempre que vengo a este despacho me hago el firme propósito de buscar ginecóloga. Está bien tener que soportar a los tíos en el trabajo, en la cama y en la calle. Pero que el ginecólogo, que es la persona a la que hay que confiarse hasta en los detalles más íntimos y terribles, sea también un HOMBRE, es puro masoquismo. Debe haber hoy en día muchas ginecólogas buenas y competentes. Estoy harta de ver la jeta de este tío que se cree superior porque le mete mano a las tías y encima pagamos. Y él adopta ese aire de perdonavidas con nosotras, las pobres histéricas. Me da rabia verle siempre tan pulcro y tan atildadito. Aquí yo me siento sucia y maloliente, me siento culpable de tener flujos, menstruaciones, dismenorreas, hormonas descontroladas y toda clase de bacterias en la vagina"