viernes, 22 de marzo de 2013

"POST MÓRTEM" DE PATRICIA CORNWELL (1990)

Creo que este el primer libro que releo en mi vida... Y no será por la falta de ganas de hacerlo con más novelas, pero con tantos libros nuevos que tengo por leer me da muchísima pereza.

Supe de esta novela gracias a un documental de investigación forense que vi. Cuando fui a comprármelo, no lo encontré en español así que terminé comprándomelo en inglés en una librería de Washington D.C.

Lo leí por primera vez en 2009 y no me acordaba de casi nada, lo que me ha permitido disfrutar de su lectura al 100%.

Su autora, Patricia Cornwell, es uno de los referentes de la literatura policíaca actual. Trabajó como analista forense, por lo que sabe reflejar ese mundo en sus novelas perfectamente. Ha publicado más de 30 libros y ha recibido numerosos premios.

"Post mórtem", uno de sus mayores éxitos, pertenece a la serie de novelas protagonizadas por la médica forense Kay Scarpetta, que recibió en 1999 el Premio Sherlock al mejor detective creado por un autor norteamericano.

Para mí es el thriller perfecto. Aunque tiene bastante lenguaje técnico, se explica todo detalladamente. El ritmo no decae en ningún momento y consigue mantener la tensión a la perfección.

Como ya me pasara con "Sé lo que estás pensando", de John Verdon, ¡¡tuve que dormir una noche con la luz encendida por el desasosiego que sentía después de leer!! :-O

Patricia Cornwell se ha convertido en una de mis escritoras favoritas, por lo que me he propuesto leer todos los libros suyos que pueda.


"Saqué mi cámara y tomé varias fotografías del cuerpo in situ. Su rostro era grotesco, estaba hinchado hasta resultar casi irreconocible y mostraba un color púrpura azulado a causa del aflujo de sangre provocado por la atadura alrededor del cuello. Un líquido sanguinolento se había escapado de su nariz y su boca, manchando la sábana. Su cabello rubio pajizo estaba alborotado. Era moderadamente alta, no menos de metro setenta, y considerablemente más corpulenta que la versión más joven captada en las fotografías del pasillo.

Su aspecto físico era importante porque la inexistencia de una pauta se estaba convirtiendo en una pauta. Las cuatro víctimas de los estrangulamientos no parecían tener ninguna característica física en común, ni siquiera la raza. La tercera víctima era negra y muy delgada. La primera era pelirroja y regordeta, y la segunda morena y de baja estatura. Ejercían distintas profesiones: una profesora de primaria, una redactora independiente, una recepcionista y ahora una médica. Las cuatro vivían en distintas zonas de la ciudad. 

Saqué un termómetro químico de mi maletín y tomé la temperatura de la habitación y después la del cuerpo. El aire estaba a 22 grados y el cuerpo a 33,5. El momento de la muerte es más escurridizo de lo que cree la gente. No se puede establecer con exactitud a menos que alguien haya sido testigo de la muerte de la víctima o que el reloj de la víctima se haya parado. Pero Lori Petersen llevaba muerta no más de tres horas. Su cuerpo se había enfriado entre uno y dos grados por hora, y la rigidez se había iniciado en los músculos más pequeños.

Busqué alguna prueba visible que tal vez no superara el viaje hasta el depósito de cadáveres. No había cabellos sueltos sobre la piel, pero encontré una multitud de fibras, la mayoría de las cuales debía de proceder de la colcha y las sábanas de la cama. Con una pinza recogí varias muestras, algunas minúsculas y blancuzas y otras que parecían proceder de un tejido azul oscuro o negro. Las coloqué en pequeños estuches metálicos de pruebas. Las pruebas más llamativas eran el olor a almizcle y las manchas de un residuo transparente y reseco semejante a un pegamento en la parte superior anterior y posterior de las piernas. 

El líquido seminal estaba presente en todos los casos, pero no tenía apenas valor serológico. El asaltante pertenecía al 20% de la población que poseía la peculiaridad de no ser secretor. Lo cual significaba que los antígenos de su grupo sanguíneo no podían encontrarse en sus restantes líquidos corporales como la saliva, el semen o el sudor. 

En otras palabras, sin una muestra sanguínea no se podía establecer su grupo. Podía ser A, B, AB o cualquier otra cosa"