lunes, 18 de marzo de 2013

"LA MAQUILLADORA" DE ANDREA SEMPLE (2004)

Con ese título tan "potinguil" no pude evitar comprarme este libro por unos pocos euros en una Feria del Libro Antiguo y de Ocasión.

Sabía que era chick lit y nada más, así que me puse con él sin esperar mucho. Y me ha sorprendido, tanto que me ha sido imposible soltarlo, a pesar de que es previsible a más no poder.

Esta historia con toques de humor y algunos momentos dramáticos resulta fácil de leer ya que sus capítulos son muy cortos.

La verdad es que tarda algo en arrancar, pero me ha gustado el estilo de esta escritora y periodista. Me he reído y he terminando derramando alguna lágrima en más de una ocasión.

Le estoy sacando peros (y más que se le pueden sacar), sin embargo yo me he dejado llevar y he terminado más que satisfecha.


"Una cosa que he aprendido en el trabajo, cuando lo tenía, era que la gente tiene dos aspectos. Está el aspecto que tiene cuando hablas con ellos, que es el aspecto que normalmente usamos para juzgar si alguien es guapo, atractivo o feo. 

Y luego está su aspecto más de cerca. Una cosa que se aprende cuando una se ha tirado la mayor parte de su vida laboral aplicando maquillaje, es que una cara no es una superficie plana y suave. Hay venas contras las que luchar. Poros, ya estén dilatados o congestionados. Contornos. Músculos, arrugas, rincones, marcas incluso antes de que el proceso de envejecimiento haya comenzado.

Ya veis, esa es la cuestión que no llegué a comprender del todo. Antes pensaba que era solo mi cara la que era así. Que la mía era la única cara del mundo que necesitaba maquillaje. Creía que, para los demás, es solo una opción adicional, más que una necesidad física. Porque, a no ser que seas maquilladora, una analiza su propia cara mucho más que la de los demás. Y, en alguna medida, la analizas demasiado.

De hecho, algunas de las maquilladoras más importantes recomiendan apartarse un poco del espejo al aplicar el maquillaje, los polvos y el colorete para luego acercarse para las tareas más delicadas de aplicar la sombra de ojos, el lápiz de labios y el corrector para imperfecciones.

La lógica que hay detrás de la aplicación de maquillaje a media distancia es bien sencilla. Te estás mirando tal y como el mundo te verá. No obstante, por mucho que te alejes, jamás obtendrás la verdadera imagen. 

Al fin y al cabo, tú eres la última persona del planeta que puede saber el aspecto que realmente tienes, porque cuando nos miramos la cara, en realidad no estamos mirando nuestra cara, sino que estamos mirando un mapa que hemos visto tantas veces, que ya no vemos el paisaje que representa con ojos renovados. Conocemos cada señal, cada contorno, cada irregularidad.

Y las partes que menos nos gustan son las que más atraen nuestra atención.

(...) Empiezo a pensar que puede que la vida sea también así.

Simplemente, puede que magnifiquemos las cosas malas hasta tal punto que eclipsan las buenas. Así que, probablemente, por eso mentimos. Porque las mentiras funcionan exactamente como el corrector de imperfecciones. Ocultan las partes de nuestra vida que creemos que son horribles"