domingo, 16 de septiembre de 2012

"SIEMPRE TUYO" DE DANIEL GLATTAUER (2012)

Después de que me encantaran "Contra el viento del norte", su segunda parte y "La huella del beso", no podía dejar de hacerme con el nuevo libro de Daniel Glattauer.

Aún a sabiendas de que era una historia completamente diferente a lo que nos tiene acostumbrados este autor, le tenía muchas ganas.

Es una novela que trata un tema bastante peliagudo como es el acoso, y que tiene ingredientes del drama y del thriller psicológico. ¡Y menuda decepción me he llevado!

No me ha gustado nada; me ha parecido lento y repetitivo, y el misterio final se resuelve de manera demasiado precipitada.
Lo único bueno es que consigue transmitir bastante bien una atmósfera inquietante y angustiosa.

¡Qué le voy a hacer! La verdad es que me han dolido los 18 euros que me gasté XD

"Y después él había vivido con ella una película tras otra. Director: el puro azar. Productor: un destino superior. Ella, la mujer en la que él no había dejado de pensar ni un instante, de pronto estaba delante de sus ojos abriendo la tienda de lámparas cercana, frente a cuyo escaparate él tantas veces se había detenido. Ella, la mujer a la que acababa de elogiar antes sus compañeras de trabajo, de repente estaba en la barra del mismo bar, librándose de uno de sus admiradores, sin duda numerosos. Él no podía dejar pasar la oportunidad de acercarse y trabar conversación. (Sí, ella lo comprendía.) Por otra parte, tenía mucho miedo de parecer pesado. (Pues hacía bien en tenerlo.) Aunque no tenía la sensación de que ella lo hubiera rechazado de plano. (De plano no, en eso tenía razón.)

Judith salió de la bañera. El acaloramiento se le había quitado. Ya podía volver a pensar más en frío. Ese Hannes Bergtaler estaba locamente enamorado de ella. Son cosas que pasan. Y que pueden pasarse pronto. Llegado el caso, podrían volver a quedar en el café. Él le caía bien. Le gustaba la punta de su nariz. Parecía sincero, asombrosamente sincero. Decía cosas de lo más agradables. Expresaba sin vueltas lo que sentía. Eso la hacía sentir bien, pues sí, bastante bien.

Y cuando se volvió hacia el espejo imaginando que alguien acababa de pisarle el talón, Judith le lanzó una mirada fulminante como si el espejo fuera el culpable y de golpe vio, en efecto, aun con el pelo mojado y una capa de crema de tres centímetros en la cara, a una mujer despampanante. Y el mérito era de Hannes"