miércoles, 12 de septiembre de 2012

"EL ASESINO HIPOCONDRÍACO" DE JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL (2012)

Tenía muchas ganas de leer este libro. Su impactante portada y su divertido título me llamaron la atención desde la primera vez que lo vi.

Narrado en primera persona por el señor Y, el hipocondríaco del título, la novela nos cuenta cómo debe cumplir su último encargo como asesino profesional, sabiendo que le queda sólo un día de vida.

La verdad es que ha sido un poco decepcionante para mí porque me esperaba una novela con mucho humor e intriga, y no ha sido así.

Pero eso no quita que sea un libro entretenido, con mucha ironía y muy original porque entre la historia del señor Y se van intercalando capítulos con anécdotas curiosas sobre escritores y pensadores famosos (Descartes, Voltaire, Byron, Poe, Molière...) que también tenían hipocondría.


"No me queda más que un día de vida, después de haber escatimado quince millares a la muerte, sólo me resta uno más. Dos, a lo sumo. Tengo la absoluta certeza de que ni un día más tarde de hoy moriré. Como mucho mañana. Contravendría todas las leyes de la naturaleza que mi cuerpo transido de enfermedades, horadado por todas las afecciones, se sostuviera con vida un día más. Pero no me puedo ir sin antes haber acabado con Eduardo Blaisten. Me pagaron por adelantado, y yo soy un hombre de moral kantiana.

Esta mañana a las 7.40 me he tomado el pulso con el índice y el anular en la cara interna de la muñeca, ochenta y dos pulsaciones por minuto, y en el lado izquierdo del cuello, ochenta y seis pulsaciones. En ese momento respiraba dieciocho veces por minuto. Luego me he medido la tensión arterial, ciento veintisiete milímetros de mercurio la máxima, y setenta y cuatro milímetros de mercurio la mínima. He desayunado té verde, cuyos polifenoles tienen propiedades anticancerígenas, sin leche, porque las caseínas menguan los beneficios del té en el sistema cardiovascular, dos tostadas de pan integral con aceite de oliva, y mis ciruelas matinales. A continuación he esperado unos minutos y me he tomado la temperatura en el recto, treinta y siete grados centígrados y dos décimas, un grado más que en la boca. Me he levantado y he ventilado la casa manteniéndola a veintiséis grados. Y a las 8.20 me he vuelto a tomar la tensión.

Sólo espero que mis cuidados mantengan a mi pobre cuerpo en pie por el resto del día —¿es eso pedir demasiado?, ¿estoy pidiendo, Dios mío, un imposible?—, y poder asesinar al señor Blaisten"