viernes, 5 de septiembre de 2014

"EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO" DE J. D. SALINGER (1951)

Leí por primera vez este libro cuando estaba en el colegio, porque era de lectura obligatoria, hará unos ¿15? años y guardaba un buen recuerdo de él así que llevaba bastante tiempo queriendo releerlo.

Esta novela es una de las obras de referencia de la literatura contemporánea norteamericana, ya que causó gran impacto en la sociedad cuando se publicó, hasta el punto de llegar a estar prohibida o ser de lectura obligada en los institutos de Estados Unidos.

Está protagonizada por el que se ha convertido en todo un icono de la rebeldía adolescente y un antihéroe: Holden Caulfield, que en la novela habla sin tapujos de temas como la hipocresía de la sociedad, el miedo al fracaso escolar o la sexualidad.

También ha dado que hablar porque era el libro favorito de dos célebres asesinos (Mark David Chapman, que mató a John Lennon, y John Hinckley Jr., que atentó contra Ronald Reagan) y esconder posibles teorías conspiratorias.

Tengo que confesar que mi relectura me ha decepcionado un poco. Para mí, es el libro ideal para leer en la adolescencia, cuando puedes sentirte identificado, y creo que a otras edades no te marca tanto.

Tiene mucho texto y pocos diálogos, pero me ha parecido que no le sobra ni una coma, a pesar de que a veces me hartaba de la veces que Holden decía que se deprimía.

Pero está claro que la novela de Jerome David Salinger tiene algunas frases sencillamente perfectas:
  • "Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras"  
  • "Eso es lo que tienen las chicas. En cuanto hacen algo gracioso, aunque de aspecto no sean gran cosa y aunque sean un poco tontas, acabas enamorándote de ellas y entonces ya no sabes dónde demonios estás. Las chicas. Dios santo. Pueden volverte loco. De verdad"  
  • "Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas" 
  • "No sé porque hay que dejar de querer a una persona sólo porque se haya muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo" 
  • "No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo"
 
 
"-La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego.

-Sí, señor. Ya lo sé. Ya lo sé.

De partida un cuerno. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida, eso lo reconozco. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte. Lo que es de partida, nada"

"Me di un baño como de una hora, y luego volví a la cama. Me costó mucho dormirme porque ni siquiera estaba cansado, pero al fin lo conseguí. Lo único que de verdad tenía ganas de hacer era suicidarme. Me hubiera gustado tirarme por la ventana, y creo que lo habría hecho de haber estado seguro de que iban a cubrir mi cadáver enseguida. Me habría reventado que un montón de imbéciles se pararan allí a mirarme mientras yo estaba hecho un Cristo"

"Saqué la gorra de caza del bolsillo y me la puse. Sabía que no iba a encontrarme a nadie conocido y la humedad era terrible. Mientras seguía andando pensé que Phoebe iba a ese museo todos los sábados como había ido yo. Pensé que vería las mismas cosas que yo había visto, y que sería distinta cada vez que fuera. Y no es que la idea me deprimiera, pero tampoco me puso como unas castañuelas. Hay cosas que no deberían cambiar, cosas que uno debería poder meter en una de esas vitrinas de cristal y dejarlas allí tranquilas. Sé que es imposible, pero es una pena. En fin, eso es lo que pensaba mientras andaba"
"-¿Te has hartado alguna vez de todo? -le dije-. ¿Has pensado alguna vez que a menos que hicieras algo enseguida el mundo se te venía encima? ¿Te gusta el colegio?

-Es un aburrimiento mortal.

-Lo que quiero decir es si lo odias de verdad -le dijo-. Pero no es sólo el colegio. Es todo. Odio vivir en Nueva York, odio los taxis y los autobuses de Madison Avenue, con esos conductores que siempre te están gritando que te bajes por la puerta de atrás, y odio que me presenten a tíos que dicen que los Lunt son unos ángeles, y odio subir y bajar siempre en ascensor, y odio a los tipos que me arreglan los pantalones en Brooks, y que la gente no pare de decir...

-No grites, por favor -dijo Sally. Tuvo gracia porque yo ni siguiera gritaba"