jueves, 13 de marzo de 2014

"EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ" DE JONAS JONASSON (2009)

Siempre tuve ganas de leer este best seller debido a sus buenas críticas y lo conseguí gracias a que a mi abuela se lo regalaron hace un par de años y ella me lo dejó.

La novela llegó a España precedida por un gran éxito que comenzó en Suecia, de donde es su autor y donde fue Libro del Año y Premio de los Libreros, y que enseguida se extendió por toda Europa, llegando a traducirse a más de 30 idiomas.

Sus 412 páginas me imponían, así que he tardado un poco en ponerme con él. En general, me ha gustado y he soltado alguna carcajada que otra, pero esperaba reírme mucho más.

La estructura y trama me han recordado un poco a la peli "Forrest Gump" al mezclar ficción y realidad, lo que me ha parecido tremendamente ingenioso y original por parte del autor, porque va intercalando capítulos sobre la historia actual del protagonista con capítulos sobre vida, durante la cual tuvo sorprendentes encuentros con personajes históricos reales como Franco, Stalin o Churchill.

En ese aspecto, me ha recordado también al Wilt de Tom Sharpe por sus numerosos momentos surrealistas, pero el paseo por algunos de los acontecimientos históricos más importantes del siglo XX a ratos me resultaba pesado (una, que no es muy amante de las clases de historia).

La adaptación cinematográfica se estrenará este verano en España. 


"El 1 de septiembre de 1939, el barco de bandera española en que viajaba Allan atracó en el puerto de Nueva York. Allan había pensado en echarle un rápido vistazo a la Gran Manzana y luego regresar en el mismo barco, pero ese mismo día uno de los amigos del Generalísimo entró en Polonia y la guerra en Europa volvió a ponerse en marcha a todo gas. El barco con bandera española fue requisado para, más tarde, acabar al servicio de la Armada estadounidense hasta que llegó la paz, en 1945.

Los que estaban a bordo fueron conducidos a la oficina de Inmigración de Ellis Island. Una vez allí, el oficial les formuló las mismas cuatro preguntas: 1) Nombre. 2) Nacionalidad. 3) Profesión. 4) Motivo de su visita a los Estados Unidos de América.

Todos respondieron que eran españoles, sencillos marineros que de pronto no tenían adónde ir porque acababan de requisar su barco. Debido a ello, les permitieron entrar en el país, para que se las arreglaran como buenamente pudieron. 

Sin embargo, Allan destacaba entre los demás. Por una parte, porque tenía un nombre que el intérprete español era incapaz de pronunciar. Por otra, porque era sueco. Y, sobre todo, porque les contó, y no mentía, que era especialista en explosivos con experiencia en su propia empresa, en la industria artillera y, últimamente, en la guerra entre los españoles.

Para dar más firmeza a su historia, Allan sacó la carta del general Franco. El intérprete español se la tradujo asustado al oficial de Inmigración, que se apresuró a llamar a su jefe, quien, a su vez, llamó al suyo.

Lo primero que dispusieron fue que había que devolver a aquel sueco fascista al lugar de donde venía.

-Si os encargáis de buscarme un barco, yo no tengo inconveniente en marcharme -dijo Allan, conforme con la decisión.

Pero no era tarea fácil. O sea, que prosiguieron con los interrogatorios. Y cuando más le sonsacaba el oficial de Inmigración al sueco, menos fascista parecía éste. Y tampoco comunista. Ni nacionalsocialista. Sencillamente, no era nada de lo que parecía ser, salvo experto en explosivos. Además, la anécdota que explicaba cómo habían empezado a tutearse él y el general Franco resultaba tan inverosímil y disparatada que era casi imposible que se la hubiera inventado"