lunes, 10 de marzo de 2014

"12 AÑOS DE ESCLAVITUD" DE SOLOMON NORTHUP (1853)

No sé por donde empezar para hablar de "12 años de esclavitud", así que supongo que lo haré por el principio.

Vi la película del director Steve McQueen hace un par de meses (antes de que se llevara un merecido Oscar a Mejor película) y me impactó mucho. Creo que es la película más dura sobre esclavismo que he visto, y más sabiendo que es totalmente realista.

Basada en las memorias de Solomon Northup, que escribió con la ayuda del escritor antiesclavista David Wilson, cuenta los 12 años que pasó como esclavo este afroamericano nacido libre tras ser secuestrado.

Así que tras ver la peli a mí me entró el ansia viva por conocer más de la historia y estuve a punto de comprarme el libro, pero conseguí que un conocido me lo dejara con la idea de adquirirlo más adelante si me gustaba (Pero por aquel entonces no podía imaginarme que ¡¡ganaría una copia de este relato en un concurso!! ¡Y ya van 3 concursos ganados en un mismo mes! WTF???)

Anécdotas aparte, "12 years a slave" fue un éxito de ventas cuando se publicó en el siglo XIX, pero a nuestro idioma no se había traducido hasta el año pasado (y todo porque iban a estrenar la película)... ACOJONANTE que un documento así haya pasado desapercibido tanto tiempo y hubiese sido totalmente desconocido si no fuese porque la esposa de McQueen, que es historiadora, se lo descubrió a su marido y él decidió adaptarlo a la gran pantalla ya que opina que "Este libro es el equivalente al ‘Diario de Anna Frank’, pero para América".

Y después de mi indignación (XD), paso a hablar un poco sobre el relato de Solomon Northup. Con muchas descripciones detalladas sobre diferentes aspectos de la vida de los esclavos, es tremendamente aterrador pensar que lo que estás leyendo fue verídico porque está tan bien escrito que bien podría pasar por una novela de ficción. Pero no es así y da para pensar y reflexionar mucho.

No me ha hecho llorar como la película (en mi caso, una imagen vale más que mil palabras), pero igualmente se me ha puesto un nudo en las garganta en varias ocasiones y me ha gustado que profundice más en los orígenes de Solomon y en los juicios posteriores a su liberación.
 
 

"Al haber nacido libre y haber disfrutado durante más de treinta años de los privilegios de la libertad en un estado libre, y, transcurrido este período, haber sido secuestrado y vendido como esclavo, situación en la que permanecí hasta que, en el mes de enero de 1853, tras doce años de cautiverio, fui felizmente rescatado, me comentaron que el relato de mi vida y mi suerte no estaría desprovisto de interés para el público.

Desde que recuperé la libertad no he dejado de observar el creciente interés en todos los estados del norte por el tema de la esclavitud. Circulan, en cantidad sin precedentes, obras de ficción que aseguran mostrar sus características, tanto en los aspectos más agradables como en los más repugnantes, y a mi modo de ver lo han convertido en un fructífero tema que se comenta y se debate. 

Solo puedo hablar de la esclavitud en la medida en que la he observado yo mismo, en que la he conocido y experimentado en mi propia persona. Mi objetivo es ofrecer un sincero y veraz resumen de hechos concretos, narrar la historia de mi vida, sin exageraciones, y dejar para otros la labor de determinar si incluso las páginas de las obras de ficción ofrecen una imagen errónea de mayor crueldad o de una esclavitud más dura"


"Aquella noche apenas pegué ojo. No debaja de pensar. ¿Era posible que estuviera a miles de millas de mi casa, que me hubieran llevado por las calles como a un estúpido animal, que me hubieran encadenado y pegado sin piedad, que incluso formara parte de una manada de esclavos? ¿Era de verdad real lo acontecido aquellas últimas semanas? ¿O sencillamente estaba pasando por las lúgubres fases de un largo sueño sin fin? No era una ilusión. Mi vaso de dolor estaba a punto de derramarse. Entonces alcé las manos hacia Dios y, en la penumbra de la noche, rodeado de mis compañeros, que dormían, pedí piedad para el pobre y abandonado cautivo. Al Padre Todopoderoso de todos nosotros -los libres y los esclavos- le vertí las súplicas de un espíritu destrozado y le imploré fuerzas para sobrellevar la carga de mis problemas hasta que la luz de la mañana despertó a los que dormían y trajo consigo otro día de esclavitud"


"¡Ay, qué pesado se me hizo el fardo de la esclavitud entonces! Debía bregar día tras día, aguantar insultos y escarnios y ofensas, dormir en el duro suelo, comer los alimentos más bastos, y no solo eso, sino vivir siendo el esclavo de un desgraciado sediento de sangre a quien debía temer continuamente en lo sucesivo. ¿Por qué no había muerto de joven, antes de que Dios me diera hijos a los que amar y por los que vivir? Cuánta desdicha y sufrimiento y dolor me hubiera ahorrado. Anhelaba la libertad, pero la cadena del siervo se ceñía en torno a mí y no podía desembarazarme de ella. Solo podía mirar desolado hacia el norte y pensar en las miles de millas que se interponían entre la tierra de la libertad y yo, millas que un negro libre no puede cruzar"


"Raro era el día en que no se infligía uno o dos castigos a base de latigazos. Solían tener lugar en el momento en que se pesaba el algodón. Al delincuente cuya carga se quedaba corta, lo sacaban, lo desnudaban, le obligaban a echarse en el suelo boca abajo y lo castigaban de acuerdo con su delito. A decir verdad, en la plantación de Epps, casi todos los días durante la época de la recogida del algodón, se oían los restallidos del látigo y los gritos de los esclavos desde que se ponía el sol hasta la hora de acostarse.

El número de latigazos dependía de la gravedad de la falta. Veinticinco se consideraba una simple caricia, un castigo que se aplicaba, por ejemplo, cuando se encontraba una hoja seca o un cáliz en el algodón, o cuando se rompía una rama en el campo; cincuenta era el castigo más habitual cuando se infringía una norma más grave, como holgazanear en el campo; de ciento cincuenta a doscientos latigazos se daban a aquellos que se peleaban con sus compañeros de cabaña, y quinientos se propinaban, aparte de las mordeduras de los perros, a los pobres y desagradecidos fugitivos, los cuales sufrían semanas de dolor y agonía"


"Durante diez años trabajé incansablemente para aquel hombre sin recibir la más mínima recompensa. Diez años de mi arduo trabajo sirvieron para que él acumulara más riqueza. Durante diez años estuve obligado a mirarle con la cabeza gacha y el sombrero en la mano, a hablarle y tratarle de la misma forma que un esclavo, por eso no creo deberle nada, salvo muchos e inmerecidos abusos y azotes.

Ahora que estoy fuera del alcance de su cruel látigo, y de nuevo en el estado libre donde nací, gracios a Dios puedo andar con la cabeza bien alta entre la gente y puedo hablar abiertamente de las injusticias que padecí y de aquellos que las infligieron. Sin embergo, al mencionarlo a él o a cualquier otro, no me mueve nada más que el deseo de decir la verdad sin reservas. Con todo, hablar sinceramente de Edwin Epps supone decir que es un hombre que carece por completo de bondad y justicia, una persona que destaca por un carácter grosero y tosco, unido a una mente analfabeta y un espíritu avaricioso. Se le conoce con el apodo del Domador de Negros, por su capacidad de someter la voluntad de los esclavos, algo de lo que se enorgullece como un jinete alardea de sus destrezas para domar un caballo salvaje. No considera a los hombres de color seres humanos responsables ante el Creador por las pequeñas cualidades que este les ha concedido, sino "objetos personales", una propiedad viviente que no se diferencia en absoluto, salvo por su valor, de una mula o un perro"


"La existencia de la esclavitud en su forma más cruel provoca un embrutecimiento de los sentimientos más humanos y delicados de su naturaleza. Presenciar a diario el sufrimiento humano, oír los alaridos agónicos de los esclavos, ver cómo reciben latigazos sin piedad o los muerden y los desgarran los perros, observar cómo mueren sin recibir la más mínima atención, o cómo los entierran sin mortaja ni ataúd, hace que se degrade aún más su poco aprecio y respeto por la vida humana.

(...) Los hombres pueden escribir libros retratando la vida humilde tal como es, o como no es, se pueden explayar con la solemnidad propia de los que todo lo saben sobre el goce de la ignorancia y hablar disciplinadamente desde sus sillones de los placeres de la esclavitud, pero si trabajaran en el campo, si durmieran en una cabaña, si comieran farfollas y fueran azotados, cazados y maniatados, contarían otra historia muy diferente. Si supieran lo que siente el pobre esclavo, si conocieran sus pensamientos más secretos, que no se atreve a manifestar en presencia del hombre blanco; si se sentaran al lado de ellos durante la silenciosa noche y hablaran sinceramente de la vida, la libertad y la búsquedad de la felicidad, se darían cuenta de que el noventa y nueve por ciento de ellos son lo bastante inteligente como para darse cuenta de su situación, y abrigar el amor a la libertad con tanta pasión como ellos"