sábado, 27 de octubre de 2012

"AURORA BOREAL" DE ASA LARSSON (2003)

Este verano ha salido una edición especial de esta novela por 6,95 € y yo he aprovechado para hacerme con ella y leer algo de la sueca Asa Larsson, que sólo comparte con Stieg Larsson, el autor de la famosa trilogía "Millennium", un apellido muy común por aquellos lares.

Yo estoy acostumbrada a los thrillers psicológicos en los que el ritmo no te deja respirar ni un segundo, y en el caso de esta novela negra, no presenta una trama complicada ni liosa y el ritmo es mucho más pausado.

"Aurora boreal" es un libro entretenido y fácil de leer. A pesar de ser un best seller y tener algunos giros interesantes en la trama, el final resulta un poco previsible y deja bastante que desear.

Es la primera novela de una saga protagonizada por la abogada Rebecka Martinsson y la policía Anna-Maria Mella.


"«Son las seis y sintonizáis El Eco Matinal. Un conocido dirigente religioso, de unos 30 años de edad, ha sido encontrado asesinado esta mañana en la iglesia de la Fuente de Nuestra Fortaleza de Kiruna. La policía todavía no ha querido comentar el asesinato, pero a lo largo de la mañana ha notificado que nadie ha sido detenido como sospechoso y que tampoco ha sido localizada el arma homicida... Según un nuevo estudio, cada vez más municipios dejan de lado sus obligaciones derivadas de la ley de dependencia...»

Rebecka giró la silla con tanto ímpetu que se dio con la mano en el alféizar de la ventana. Apagó la radio de golpe, salpicándose de café la rodilla.

-¡Viktor! -exclamó-. No puede ser otro.

Maria la miraba sorprendida.

-¿Viktor Strandgård? ¿El Chico del Paraíso? ¿Lo conocías?

Rebecka apartó la vista de Maria y se quedó mirando fijamente la mancha de café de la falda. Tenía la cara pálida e inexpresiva y los delgados labios muy apretados.

-Claro que había oído hablar de él. Pero hace años que no voy a Kiruna. Ya no conozco a nadie de allí.

Maria se levantó del sillón y fue hacia Rebecka para quitarle la taza de café de entre sus rígidas manos.

-Si dices que no lo conocías, por mí vale, bonita, pero te vas a desmayar dentro de 30 segundos. Estás completamente pálida. Échate hacia adelante y pon la cabeza entre las rodillas.

Rebecka obedeció como un escolar mientras Maria iba al baño a buscar papel para intentar limpiar la mancha de café del traje de chaqueta de Rebecka. Cuando volvió, ésta se había reclinado en la silla donde estaba sentada.

-¿Estás bien? -preguntó Maria.

-Sí -respondió Rebecka ausente. Sin fuerzas, miraba a Maria mientras ésta le limpiaba la falda con papel húmedo-. Lo conocía -dijo después.

-Mmm, no hace falta un detector de mentiras -dijo Maria sin apartar la vista de la mancha-. ¿Estás triste?

-¿Triste? No sé. No, quizá tengo miedo.

-¿Miedo?

Maria dejó de frotarle la falda.

-¿Miedo de qué?

-No sé. De que alguien vaya a..."