domingo, 30 de octubre de 2011

"EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ A SU MUJER CON UN SOMBRERO" DE OLIVER SACKS (1985)

De este libro me atrajo su intrigante título y su argumento prometedor: el autor, Oliver Sacks, es un neurólogo que narra 20 casos clínicos de pacientes con diversas enfermedades neurológicas, siempre desde el punto de vista del enfermo y humanizando las historias.

Está muy bien escrito, pero para mi gusto es demasiado técnico, lo que ha hecho que no me guste nada.

Imagino que a la gente que le interesen los temas científicos y/o médicos les resultará más que interesante; pero a mí, que soy de letras, si encima me pones un lenguaje ligeramente médico, me aburre.


"Así sucedía, con ciertas variaciones, cada vez... con improvisaciones, siempre rápido, a veces divertido, a veces brillante y, en último término, trágico. El señor Thompson me identificaba (me pseudoidentificaba) con una docena de personas distintas en el transcurso de 5 minutos. Maniobraba, ágilmente, de una suposición, una hipótesis, una idea, a la siguiente, sin apariencia alguna de inseguridad en ningún momento, nunca sabía quién era yo, o dónde estaba o qué era él, un ex tendero con síndrome de Korsakov grave, ingresado en una institución neurológica.
No recordaba nada más allá de unos cuantos segundos. Estaba continuamente desorientado. Se abrían a sus pies continuamente abismos de amnesia, pero él los salvaba, con ingenio, mediante rápidas fabulaciones y ficciones de todo tipo. Para él no eran ficciones, era como veía de pronto o interpretaba el mundo. El flujo incesante y la incoherencia del mundo no podía tolerarlos, no podía admitirlos ni un instante, sustituía aquella cuasicoherencia extraña y delirante, con la que el señor Thompson, con sus invenciones continuas, inconscientes y vertiginosas, improvisaba sin cesar un mundo a su alrededor, un mundo de Las mil y una noches, una fantasmagoría, un sueño de situaciones, imágenes y gente en perpetuo cambio, en transformaciones y mutaciones continuas, caleidoscópicas. Pero para el señor Thompson no era un tejido de ilusiones y fantasías evanescentes y en cambio incesante, sino un mundo fáctico, estable, plenamente normal. Por lo que a él se refería, no había ningún problema"

(Una cuestión de identidad)