lunes, 23 de marzo de 2015

"DIEZ DÍAS EN UN MANICOMIO" DE NELLIE BLY (1887)

Me topé con este libro por casualidad en Vips, en la sección de ofertas, y que en su faja pusiera "Un documento excepcional de la pionera del periodismo encubierto" captó mi atención.

Nellie Bly, pseudónimo de Elizabeth Jane Cochran, fue una de las primeras mujeres que se dedicaron al periodismo. En 1887, mientras trabajaba en el "New York World", propiedad del mismísimo Joseph Pulizter, ingresó en una institución para enfermos mentales haciéndose pasar por demente para relatar y denunciar lo que allí ocurría y el maltrato al que se sometía a los pacientes en aquella época.

Esta joven estadounidense realizó un escalofriante pero sencillo reportaje que revolucionó el periodismo de investigación y consiguió que la autoridades sanitarias emprendieran reformas importantes en los hospitales de salud mental.

Más información sobre la vida y trabajo de Nellie Bly en: http://elpais.com/diario/2009/11/29/eps/1259479610_850215.html


"El 22 de septiembre el World me pidió si podía internarme en uno de los sanatorios para enfermos mentales de Nueva York con vistas a escribir una narrativa sencilla y sin barnices sobre el tratamiento de las pacientes, los métodos de dirección, etcétera. ¿Creía tener el valor necesario para pasar por el trago que requería tal misión? ¿Podía fingir las características propias de la locura hasta tal punto como para engañar a los médicos y vivir una semana entre locos sin que las autoridades descubrieran que tan sólo era «una chica infiltrada que tomaba notas»? Dije que creía que sí. Tenía algo de fe en mis habilidades como actriz y pensaba que podría fingir locura justo lo suficiente como para cumplir cualquier misión que me confiaran. ¿Podía pasar una semana en el centro de dementes de la isla de Blackwell? Dije que podría y que lo haría. Y lo hice. 

Las instrucciones que me dieron se basaron en que hiciera el trabajo cuando sintiese que estaba lista. Debía escribir una crónica fiel de las experiencias que viviera, y una vez que estuviese dentro de las paredes del manicomio tenía que investigar y describir su funcionamiento interno. Un funcionamiento que siempre se oculta eficazmente de la opinión pública gracias a las enfermeras de cofias blancas y a los cerrojos y barrotes. 

-No te pedimos que vayas allí con el propósito de hacer revelaciones sensacionalistas. Describe las cosas tal como las veas, sean buenas o malas; alaba o culpa como creas que es justo, y cuenta la verdad todo el tiempo. Tengo miedo de esa permanente sonrisa tuya -dijo el editor. 

-Ya no sonreiré más -contesté, y me fui para ejecutar mi delicada y, como luego descubrí, difícil misión.

Si conseguía entrar en el sanatorio, algo que no esperaba que ocurriese, pensaba que mis experiencias no se basarían en otra cosa que en un simple relato de la vida de tal institución. Lo que ni me imaginaba era que esa institución pudiese estar gestionada de forma tan mala y que existiesen tales crueldades bajo su techo. Siempre había deseado conocer la vida en los sanatorios mentales de manera más profunda. Tenía ganas de comprobar que las criaturas más indefensas de Dios, los dementes, eran cuidados de forma profesional y cariñosa. Consideraba que las abundantes historias que había leído sobre abusos en tales instituciones no eran otra cosa que exageraciones o incluso fantasías. Pero habitaba en mí el deseo latente de comprobarlo personalmente. 

Temblaba sólo de pensar cómo los enfermos mentales se encontraban en manos de sus guardianes. Cómo podían llorar y rogar por su liberación de forma inúil si los encargados de su custodia se negaban a ello. Acepté la misión de buena gana, pues así podría conocer el funcionamiento interno del manicomio de la isla de Blackwell.

(...) Conseguí que me internaran en el centro para enfermos mentales de la isla de Blackwell, donde pasé diez días y diez noches y experimenté cosas que nunca olvidaré. 

(...) Permítanme que diga una cosa: desde que entré en el centro para enfermos mentales de la isla no intenté seguir con el falso personaje de loca, sino que hablé y actué como lo hago en la vida real. Y, aunque suene extraño, cuanto más sensatamente hablaba y actuaba, más loca me consideraban todos, excepto uno de los médicos cuya amabilidad y dulzura no olvidaré en mucho tiempo"