jueves, 12 de marzo de 2015

"BUSCANDO A ALASKA" DE JOHN GREEN (2005)

Cuarto libro de John Green que leo y que la editorial Nube de Tinta publica en español. Pero curiosamente fue el primero que escribió este autor norteamericano, allá por 2005, y con el que ganó el premio Michael L. Printz otorgado por la American Library Association en 2006.

Voy a ser muy concisa: bajo mi punto de vista, "Buscando a Alaska" no llega a la brillantez de "Bajo la misma estrella", pero tampoco me ha resultado tan floja como "Ciudades de papel" y "El teorema Katherine". Digamos que me ha gustado, pero no ha llegado a apasionarme.

En esta novela juvenil podemos ver los primeros pasos del estilo tan característico de John Green, con sus momentos divertidos y otros muy profundos para la reflexión.

Me ha resultado atrapante, ágil, entretenida y hasta ha conseguido que se me saltaran las lágrimas al final.

Tendrá próxima adaptación cinematográfica.

"Yo era un aburrido sin remedio y ella era fascinante hasta el infinito"


"-Pero ¿por qué Alaska? -insistí.

Sonrió con el lado derecho de la boca. 

-Bueno, más tarde supe lo que significaba. Proviene de la palabra aleutiana alyeska. Significa «aquello contra la cual rompe el mar» y me encanta. Pero en aquel momento, solo vi Alaska arriba, en el globo. Era muy grande, como yo quería ser. Y estaba tan condenadamente lejos de Vine Station, Alabama, como quería estar yo. 

-Y ahora ya has crecido y estás bastante lejos de casa. -Sonreí-. ¡Felicidades!

(...) -¡Dios mío!, no quiero ser una de esas personas que se sientan y hablan de lo que van a hacer. Simplemente voy a hacerlo. Imaginar el futuro es una especie de nostalgia. 

-¿Qué? -pregunté. 

-Te pasas toda la vida encerrado en el laberinto pensando en cómo vas a escapar de ahí y lo fabuloso que será; imaginar ese futuro te mantiene con vida, pero nunca escapas. Solo utilizar el futuro para huir del presente.

(...) -A veces no te entiendo.

Ni siquiera me miró. Solo se limitó a sonreír al televisor:

-Nunca me entenderás. De eso se trata"


"-El laberinto no es la vida o la muerte.

-Ah. Entonces ¿qué es?

-Sufrimiento -respondió-. Hacer el mal y que te sucedan cosas malas. Ese es el problema. Bolívar hablaba sobre el dolor, no sobre los vivos y la muerte. ¿Cómo te escapas del laberinto del sufrimiento?

-¿Qué pasa? -pregunté. Y ya no sentí su mano sobre mí. 

-No pasa nada. Pero siempre hay sufrimiento, Gordo. Deberes, malaria, tener un novio que vive lejos cuando estás tumbada junto a un chico atractivo. El sufrimiento es universal. Es aquello de lo que se preocupan por igual budistas, cristianos y musulmanes"


"Ese es el miedo: he perdido algo importante, no lo puedo encontrar y lo necesito. Es un miedo semejante al de alguien que pierde las gafas, va a la óptica y le dicen que se han acabado todas las gafas del mundo y que tendrá que vivir sin ellas"


"«Todos nos vamos», pensé, y se aplica a las tortugas y a los cuellos de tortuga, a Alaska la chica y a Alaska el lugar, porque nada puede durar, ni siquiera la Tierra misma. El Buda dijo que el sufrimiento era causado por el deseo, habíamos aprendido, y que el cese del deseo significaba el cese del sufrimiento. Al dejar de desear que las cosas no se deshicieran, dejabas de sufrir cuando lo hacían. 

«Algún día nadie recordará que ella alguna vez existió», escribí en mi cuaderno, y luego anoté: «O que yo lo hice». Porque los recuerdos también se deshacen. Y luego no te queda nada, ni siquiera un fantasma, tan solo su sombra. Al principio, me perseguía de día y en sueños, pero incluso ahora, apenas unas semanas después, se estaba yendo, se empezaba a deshacer en mi recuerdo y en el de todos los demás, muriendo de nuevo"


"Se había ido y no tuve tiempo de decirle lo que me acababa de dar cuenta: que lo perdonaba y ella nos perdonaba, y que teníamos que perdonar para sobrevivir en el laberinto. Cuántos de nosotros tendríamos que vivir con cosas que se hicieron y que no se hicieron ese día. Cosas que no salieron bien, cosas que parecían bien en el momento porque no podíamos ver el futuro. Si tan sólo pudiéramos ver la interminable cadena de consecuencias que resultan de nuestras acciones más pequeñas. Pero no podemos hacer mejor las cosas hasta que hacerlas mejor resulte inútil"


"Cuando los adultos dicen: «Los adolescentes piensan que son invencibles», con esa sonrisa taimada y estúpida en sus rostros, no saben cuán en lo cierto están. Necesitamos no perder nunca la esperanza, porque nunca nos rompemos de modo irreparable. Pensamos que somos invencibles porque lo somos. No podemos nacer y no podemos morir. Como toda la energía, sólo podemos cambiar de formas, tamaños y manifestaciones. Ellos olvidan eso al envejecer. Temen perder y fracasar. Pero esa parte nuestra, más grande que la suma de nuestras partes, no puede nacer y no puede morir, así que no puede fracasar"