martes, 10 de septiembre de 2013

"CINCUENTA SOMBRAS DE GREGORIO" DE ROSSELLA CALABRÒ (2013)

Este libro es ideal para leer después de las novelas eróticas de "Cincuenta sombras de Grey" ya que nos cuenta en clave de humor y con mucha ironía las diferencias entre Christian Grey (¿el hombre ideal?: atractivo, millonario y con éxito) y Gregorio (el hombre normal, el que tenemos a nuestro lado), a través de 50 capítulos cortos (las 50 sombras del título).

Hay que reconocer que esta autora milanesa exagera en muchas ocasiones, pero también que es imposible no sentirse identificado en más de una ocasión.

Es un libro sencillo, claro y divertido que todos los fans de la famosa trilogía de E. L. James deberían leer.



"El espécimen Grey, como hemos visto en los libros, dispone de una cocina perfecta, hipertecnológica, equipadísima, limpísima, en la que se mueve con desenvoltura mientras nos ofrece deliciosos manjares cocinados por la gobernanta (que no somos nosotras). En esa cocina no se pierde una miga, no se deja una gota, no cae una pera sin el permiso de Grey.

La mesa, de diseño, está inmaculada y se presta obvia y ergonómicamente a deliciosas uniones carnales en las que el papel de pollo a la jardinera e incluso el de patatas fritas lo representamos nosotras.

¿Y el espécimen Gregorio?

Gregorio, en cambio, es un sumo experto en el arte culinario de ensuciar el mayor número posible de platos y ollas, en particular las que por su forma o sus dimensiones no entran en el lavavajillas ni con el asesoramiento de un contorsionista consumado. Al fin y al cabo, está además la gobernanta (que somos nosotras) lista para recogerlo todo.

Otra actividad en la que Gregorio despunta es el atascamiento. El individuo, cuando tiene que deshacerse de pieles de patata, espinas de sargo, dientes de ajo, corazones de manzana y posos de café, inexplicablemente los tira, sin más, en el fregadero. No, no en la basura, que por otra parte se encuentra a apenas unos 30 centímetros de distancia, sino allí mismo, en la pila, donde los míseros restos de la orgullosa comida se transforman en un horrendo revoltijo maloliente en el que, durante la noche, los grumos cobran vida y llaman con el iPeste a las amigas bacterias para invitarlas a una estupenda fiesta de pijamas.

Así, mientras el cubo de la basura permanece pulcro e impoluto, la pila embozada comienza a cobrar vida y, si prestamos atención, la oímos mientras empieza a pronunciar, gorjeando tiernamente, sus primeras sílabas: "Blub, blub, blub".

Y luego, tras pronunciar el último blub, se atasca definitivamente.

Después hay quien se lamenta de que nosotras llamemos al fontanero y le estemos la mar de agradecidas"