sábado, 3 de noviembre de 2012

"PSICOSIS" DE ROBERT BLOCH (1959)

Poca gente sabe que la obra maestra de Alfred Hitchcock en realidad se basa en una novela porque la película es mucho más conocida. Yo siempre había querido leerla y cuando la vi en oferta por 5,95 € en El Corte Inglés no me lo pensé ni un segundo.

Su autor fue un escritor y guionista norteamericano, especializado sobre todo en terror y ciencia ficción, que recibió numerosos premios.

El libro es prácticamente igual que la película y la mayor diferencia es que el aspecto físico de Norman Bates no tiene nada que ver con el de Anthony Perkins.

Lo malo es que me ha aburrido un poco porque me sé de memoria el argumento, pero tengo que reconocer que la parte final consigue mantener la intriga a la perfección.

Me ha llamado la atención que en realidad es una trilogía y que las novelas posteriores no tienen nada que ver con las secuelas de la película. Sería interesante echarles un vistazo...



"Durante un momento se quedó frente al espejo que había en la puerta y se analizó. Tal vez la cara fuera la de una chica de 27 años, pero su cuerpo iba por libre, era blanco y como el de alguien de 21. Tenía una buena figura. Una figura realmente bonita. A Sam le gustaría. Deseó que él estuviera allí ahora para admirarla. Iba a ser un infierno tener que esperar dos años más. Pero claro, luego recuperaría el tiempo perdido. Decían que una mujer no era completamente madura en el aspecto sexual hasta que tenía 30 años. Eso era algo que tenía que descubrir.

Volvió a reírse, se contoneó bailando unos pasos de aficionada y le lanzó un beso a su imagen, recibiendo otro a cambio. Después, entró en la ducha. El agua estaba caliente y tuvo que añadirle un poco de la fría, aunque finalmente giró los dos grifos por completo y dejó que esa calidez cayera a borbotones sobre ella.

El ruido era ensordecedor y la habitación estaba empezando a llenarse de vapor.

Por eso no oyó la puerta abrirse, ni percibió el sonido de las pisadas. Y al principio, cuando las cortinas de la ducha se separaron, el vapor ocultó la cara. 

Pero después sí que la vio allí... solo una cara, mirando entre las cortinas, pendiendo en el aire como una máscara. Un pañuelo ocultaba el pelo y unos ojos vidriosos miraban de un modo inhumano, pero no era una máscara, no podía serlo. La piel estaba cubierta de polvos de color blanco de la muerte y le habían marcado dos puntos de intenso colorete en las mejillas. No era una máscara. Era la cara de una anciana desequilibrada.

Mary empezó a gritar y entonces las cortinas se separaron todavía más y apareció una mano agarrando un cuchillo de carnicero. Fue el cuchillo el que, un momento después, cortó su grito.

Y su cabeza"