sábado, 10 de octubre de 2015

"APUNTES SOBRE MI PASO POR EL INVIERNO" DE MARWAN (2014)

"Escribir es un modo de poner en orden los sentimientos, aunque ponerlos en orden no significa que no duelan. 
Escribir no apaga el dolor, sólo lo coloca a la vista, lo vuelve más nítido y comprensible"


A veces siento que no importa tanto cómo suceden los hechos, 
que lo que cuenta,
lo que deja señal,
es cómo los viviste
y aunque yo tuve una infancia, a priori, feliz
realmente no sé si llegué a serlo
porque por dentro era un niño invernal,
con una autoestima invernal
y una desilusión a prueba de bombas.

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Tengo la sensación de que sólo puede ser realmente feliz
aquel que en su momento experimentó
la cantidad suficiente de desdicha,
que sólo ellos saben valorar
la luz que arrojan sobre el corazón
las cosas bellas, las pequeñas victorias.


Ahora sé que sólo yo tuve la culpa de aquella sensación de incapacidad 
que envolvía todo lo relacionado con las mujeres que me gustaron.
Que siempre me callé lo que sentía por miedo al fracaso
y así era incapaz de construir nada a mi alrededor
y eso era un fracaso multiplicado.
También he entendido que ésto es común en muchos jóvenes,
que se encuentran encerrados entre sus miedo y su soledad,
que es algo común en medio planeta. 
Qué suerte tiene el otro medio. Hijos de puta.


También sucede que cuando tocas la infidelidad con los dedos
recibes las verdaderas lecciones:
que el fuego que buscas en otra piel
nunca suele darte lo que de él esperas.
Aprendí eso que nos pasa a los hombres cuando somos infieles:
que entre el deseo y el arrepentimiento
sólo hay un orgasmo de distancia.

Resulta extraña esa sensación de desear a mujeres a las que nunca querrás
y de querer a mujeres a las que ya nunca desearás.

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Su error fue prometer castillos que no podía construir,
hacerlo una y otra vez sin valorar que me rompía.
A menudo las promesas incumplidas
te dejan en herencia un dolor mayor que cualquier golpe gracia.
A los ojos de quien siente suponen siempre un fraude mayor,
una traición al dios de la ternura.
Y también no ser capaz de soltar aquel miedo que la devoraba,
pero ¿quién tiene la culpa de eso cuando tiene ventipocos?


Ya lo decía Truman Capote,
siempre hay paz en la certeza,
aunque la certeza sea un pañuelo de despedida,
aunque duela, nunca lo hará tanto
como la herida a medias de un tal vez,
porque esa es una herida sin respuesta,
y las heridas sin respuesta nunca se cierran. 

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Cuando miro atrás a veces pienso que estaría bien
que el amor se pudiera recoger en unos grandes almancenes
pasando previamente por el probador.
Todo sería infinitamente más fácil,
pero es posible
que no trajera las mismas lecciones,
que no hiciera posible crecer.

(...)

El rencor es un cáncer de seis letras
que silenciosamente te deshace las entrañas,
el rencor es un lugar del que no es fácil salir.


Aprendí que sólo un imbécil lo intenta cien veces del mismo modo,
y que cuando se hacen las cosas mal
-y yo arriesgué con ella todo lo bueno que tenía con otra mujer-
el karma te paga al contado, sin demora,
todo lo que has roto en el corazón de otra persona,
te devuelve tu inversión y lo hace con heridas.

Supe también que al dejar de lamentarse
uno aprende a mirar de otro modo,
a ver que el portazo era también puerta,
que una buena caída también ayuda a medir distancias,
que algunos golpes, por fuertes que sean,
pueden serte útiles si aprendes a leer las cicatrices
y yo tengo en el cuerpo una biblioteca entera. 

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Que la felicidad es un fin en sí mismo
y la tristeza es el medio para lograrla.
La tristeza es el despertador,
quien un día te molesta para que abras los ojos
y busques la llama de esa felicidad.
Que la tristeza es sólo un cabo
y la felicidad todo el ovillo.

(...)

Que también la tristeza tiene sus ventajas,
que te enseña demasiado en ocasiones.

(...)

Que conviene aceptar también que la felicidad es sólo un préstamo
al igual que la tristeza es un ave migratoria.