martes, 7 de mayo de 2013

"EL FUGITIVO" DE STEPHEN KING (1982)

Compré este libro hace mil años, cuando éstos costaban menos de 5 euros... ¡Qué tiempos aquéllos! Y he decidido releerlo ya que guardaba muy buen recuerdo de él.

Así a lo tonto, creo que Stephen King es el autor del que más libros he leído... y eso que no soy muy fan de lo sobrenatural. Por eso, prefiero sus libros más "realistas", como "El fugitivo", cuyo argumento captó mi atención desde el primer momento: "A mediados del siglo XXI, un concurso televisivo cuyo principal atractivo es la muerte de los participantes bate récords de audiencia. Ben Richards, padre de una niña enferma y sumido en la más profunda miseria, decide concursar atraído por los extraordinarios premios, aún a sabiendas de que no sobrevivirá. Sometido a una implacable persecución, se plantea un único objetivo: resistir tantos días como sea posible para aumentar el premio y asegurar la subsistencia de su familia. Un aterrador futuro donde la televisión es la única realidad".

Este thriller distópico, que escribió en 1982 bajo el seudónimo de Richard Bachman y que tiene una adaptación cinematográfica protagonizada por Arnold Schwarzenegger, es sencillamente genial.

Además de hacer una crítica sobre los medios de comuncación, es un libro muy entretenido, con mucha acción y un ritmo trepidante, que consigue mantener la tensión a la perfección hasta un final que te deja con la boca abierta. 


"–¡Oigamos qué tiene que decir! 

A regañadientes, el público calló. Richards siguió plantado bajo los potentes focos con la cabeza baja, como un toro. Sabía que proyectaba exactamente el aura de odio y desafío que el equipo del programa pretendía de él, pero no podía evitarlo. 
Contempló a Thompson con mirada dura y ojos encendidos de ira, antes de declarar:

–Alguien se va a comer sus cojones por esa imagen de mi mujer. 

–¡Continúe, señor Richards! ¡Continúe! –animó Thompson con la nota precisa de disgusto en su voz–. Nadie va a hacerle daño... ¡De momento, al menos! 

Nuevos gritos e insultos histéricos del público. 
Richards se volvió de pronto hacia los espectadores del estudio, que enmudecieron como si les hubieran sacudido un bofetón. Las mujeres le miraban con expresión asustada, casi sexual. Los hombres le sonreían con los ojos inyectados en sangre y odio. 

–¡Cerdos! Si tanto deseáis ver morir a alguien, ¿por qué no os matáis unos a otros? 

Sus últimas palabras quedaron ahogadas por un nuevo tumulto. El público participante, pagado quizá para ello, intentaba subir al escenario mientras la policía lo contenía. Richards se plantó ante los exaltados, consciente del aspecto que debía de ofrecer. 

–Gracias, señor Richards, por sus sabios consejos. –El tono de desagrado del presentador era ahora muy palpable, y la multitud, de nuevo casi en silencio, se sentía complacida–. ¿Quiere decirle a nuestro público del estudio y al resto de la audiencia cuánto tiempo piensa resistir? 

–Quiero decirle al público de l estudio y al resto de la audiencia que esa mujer no era mi esposa. Era un truco barato... 

Un nuevo alboroto ahogó sus palabras. Los gritos de odio habían alcanzado una cota casi febril. Thompson aguardó casi un minuto a que callaran y luego repitió: 

–¿Cuánto espera resistir, señor Richards? 

–Espero aguantar los treinta días –respondió con frialdad–. No creo que tengan a nadie que pueda conmigo. 

Más gritos, puños en alto. Alguien lanzó un tomate. 
Bobby Thompson se adelantó de nuevo hacia el público y exclamó:

–Y con estas últimas bravuconadas, el señor Richards será conducido fuera de nuestro estudio. Mañana a mediodía dará comienzo la cacerá. ¡Recuerden este rostro! Puede estar junto a usted en un neumobús..., en un avión..., en un cine en tres dimensiones..., en el estadio de matabol de su ciudad... Hoy está aquí, en Harding., tal vez mañana se encontrará en Nueva York, Boise, Alburquerque, Columbus..., o merodeando ante su casa. ¿Nos informará si le ve? 

–¡Sííííí! –gritó el público. 

Richards les dedicó un rápido corte de mangas. Esta vez la invasión del escenario no fue en absoluto simulada, pero Richards fue conducido a la salita del estudio con la suficiente rapidez para impedir que le lincharan allí mismo, ante las cámaras, lo que habría privado al concurso de una caza que se presentía jugosa"