sábado, 21 de mayo de 2011

"UNA NOCHE DE PERROS" DE HUGH LAURIE (1996)

Sí, sí, Hugh Laurie, AKA Doctor House, también es escritor y hay que reconocer que lo hace bastante bien.

Decir en su defensa que el libro es de antes que la serie (que, por cierto, no he visto nunca) y que lo presentó en la editorial con un seudónimo, pero sólo cuando dijo quién era en realidad aceptaron publicarlo. Puntos para él por no querer aprovecharse de su fama.

"Una noche de perros" es una novela de espías; género que no me gusta especialmente por lo que me puse a leerlo con un poco de reparo.

Pero el humor inglés con el que está escrito hizo que, para mi sorpresa, fuera muy entretenido y fácil de leer. Aunque tengo que reconocer que me gustó más la primera parte que la segunda (en la línea de la novela de espías).


"Pasamos por todas las frases habituales dictadas por Hollywood y la sociedad cortés. Ella intentó gritar y morderme la palma de la mano, y yo le dije que se estuviese calladita porque no le haría daño a menos que gritase. Ella gritó y yo le hice daño. En realidad, todo la mar de corriente.
Al final, ella acabó sentada en el siniestro sofá con una copa de un cuarto de litro de lo que creía que era brandy pero resultó ser Calvados, y yo de pie junto a la puerta con mi mejor expresión de "Dice mi psiquiatra que estoy más que cuerdo".

Había puesto a Rayner de lado, la posición recomendada para evitar que alguien se ahogue en su propio vómito, o, ya puestos, en el de cualquier otro. Ella había querido levantarse para toquetearlo, para ver si estaba bien -cojines, paños húmedos, vendas, todas esas cosas que ayudan al curioso a sentirse mejor-, pero le dije que se quedase donde estaba porque ya había llamado a una ambulancia y que, mirándolo bien, era mejor dejarlo tranquilo"
"Tuvimos una alarma de bomba en el vuelo a Praga. Ni rastro de la bomba, pero sí mucha alarma.

Nos acomodábamos en nuestros asientos cuando se oyó la voz del piloto por el equipo de megafonía interior, que nos decía que desembarcáramos lo más rápido posible. Nada de "Damas y caballeros, en nombre de British Airways" o algo por el estilo. Sólo salgan del avión echando leches.

Esperamos en un salón lila, con 10 sillas menos que pasajeros y sin música, donde tampoco se podía fumar. Yo, sí. Una mujer de uniforme y un quintal de maquillaje me dijo que lo apagase, pero le expliqué que era asmático y que el supuesto cigarrillo era un dilatador bronquial de hierbas que debía consumir cada vez que me encontraba en una situación estresante. Todos me odiaron, los fumadores incluso más que los no fumadores"