domingo, 10 de febrero de 2013

"LAS TRIBULACIONES DE WILT" DE TOM SHARPE (1979)

He tardado poco en ponerme con la segunda parte de "Wilt", una novela que me hizo reír muchísimo, al igual que la obra de teatro.

En "Las tribulaciones de Wilt", el británico Tom Sharpe no se queda atrás y vuelve con una comedia de enredo muy divertida y con unas situaciones completamente delirantes.

Y sobre todo vuelven sus personajes célebres, y peculiares donde los haya: el irónico Wilt, su excéntrica esposa Eva, el quisquilloso inspector Flint... ¡y las pequeñas cuatrillizas!

Sinceramente creía que esta novela no iba a estar a la altura de la primera, pero me ha encantado estar equivocada... Próximamente, la tercera parte jijiji.


"Wilt se volvió a tender en la camilla y se quitó los pantalones.
El doctor le observó con precaución.
-¿Podría decirme qué es lo que tiene ahí enrollado?

-Un maldito pañuelo -dijo Wilt, y deshizo lentamente el chapucero vendaje.

-Díos mío -dijo el doctor-, ya veo lo que usted quería decir con "apéndice". ¿Sería pedir demasiado que me explicase cómo ha llegado su pene a este estado?

-Si -dijo Wilt-, lo sería. Hasta ahora no me ha creído nadie, y preferiría no ser taladrado de nuevo.

-¿Taladrado? -dijo el doctor pensativo-. ¿No querrá usted decir que estas heridas fueron infligidas con un taladro? No sé lo que usted piensa, hermana, pero desde luego desde donde yo estoy parece como si nuestro amigo hubiera tenido una relación demasiado íntima con una máquina de picar carne.

-Y desde donde estoy yo se tiene exactamente esa sensación -dijo Wilt-, y si ello sirve para acabar con la chirigota, le diré que mi esposa es, en gran parte, responsable.

-¿Su esposa?

-Escuche, doctor -dijo Wilt-. Si le da lo mismo, prefiero no entrar en detalles.

-Eso no puedo reprochárselo -dijo el doctor, enjabonándose las manos-. Si mi esposa me hubiera hecho eso, me divorciaría de semejante furcia. ¿Estaban efectuando un coito?

-Sin comentarios -dijo Wilt, decidiendo que el silencio era la mejor política.

El doctor se puso los guantes de cirujano y sacó sus propias sórdidas conclusiones. Llenó una aguja hipodérmica. 
-Después de todo lo que le ha pasado -dijo, acercándose a la camilla-, esto no le va a doler nada.
Wilt saltó de nuevo de la camilla.

-Deténgase -gritó-. Si se imagina por un momento que va a plantar ese aguijón quirúrgico en mis jodidas partes, quíteselo ya de la cabeza. ¿Y para qué es eso?

La hermana acababa de recoger un aerosol.
-Sólo es un desinfectante inofensivo y anestésico. Le rociaré con esto primero y no notará el pinchazo.

-¿No lo notaré? Bien, pues permítame decirle que quiero notarlo. Si hubiese querido otra cosa hubiera dejado que la naturaleza siguiera su curso y no estaría aquí ahora. ¿Y qué hace ella con esa navaja de afeitar?"